Estoy en general contenta. Por primera vez en mucho tiempo, me siento cerca de lograr lo que quiero. Me mando maratones larguísimas frente al procesador de textos, alternando idiomas hasta quedar limada, pero no me importa. Sigo, produzco y me esfuerzo porque con cada frase que logro articular me siento más cerca de mi objetivo. Y más cerca de casa...
Llegué al tramo final. En algún momento pronto la bendita tesis va a estar terminada, dando también por terminada la tortura del exilio. ¿Pero cuándo es pronto? Me mata no saberlo. Me angustia al punto de largarme a llorar como una pelotuda mientras leo lo que acabo de escribir.
Es cierto que nunca logré adaptarme del todo a vivir acá, pero últimamente siento que me levanto todas las mañanas deseando estar en otro lado. Nunca odié tanto este país como durante estos últimos meses. Y creo que tanto odio tiene origen en ese "pronto" indefinido. Es mi maldita manera de despegar, de cortar lazos.
Parece que conmigo es todo un temita eso de los lazos. Ni bien supe que dejar Buenos Aires era algo más que una posibilidad, me creé una especie de coraza (¿inconsciente?) para evitar que aumente la ya infinita cantidad de cosas a extrañar. Me aferré a mis afectos de siempre, pero evité desarrollar nuevos. Y lo mismo hice desde que vivo acá, porque siempre concebí al exilio como algo transitorio. Y así estoy, con idas y vueltas, hace casi cinco años.
Y creo que finalmente me cansé de tanto desapego. Entonces, ¿cuándo es pronto?
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