Terminaron mis vacaciones, tomé ese avión, tuve shock térmico (y de otros tipos), vino mi hermano, cumplí años en otro rincón del mundo, se fue mi hermano, vino un breve periodo de calma y acá estoy.
Hace un poco más de una semana que siento que no para de llover mierda.
Y si el camino siempre estuvo lleno de piedras, si siempre fue empinado y borrascoso, ¿por qué al final iba a ser de otra forma? Porque el final está cerca, ¿no?
Y frente a estas situaciones me nublo. Quiero resolver aunque sea algo y no sé por dónde empezar, maquino, especulo, divago. Me vuelvo paranoica y monotemática. No sé con quien hablar, no sé si hablar, en quién puedo confiar. Me callo lo que tengo que decir y digo lo que me tengo que guardar.
Como hoy, que creo que la cagué:
Conchuda, cual molusco bivalvo, me enterré solita con la lengua...
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