miércoles, 20 de enero de 2010

Los veraneantes


¿Vieron ésa sensación espantosa que uno tiene cuando se le están por acabar las vacaciones? Pienso en los veraneantes dejando la playa, lago o sierra con resignación. Un poco más bronceados, un poco más descansados, emprenden su regreso a la ciudad. A la rutina, el reloj, el stress. A mí me toca el lunes. También estoy algo más bronceada y bastante más descansada. Pero no es sólo resignación lo que estoy sintiendo ahora. Ni sé lo que es, pero es tanto que mejor ni les cuento.

Ya debería haber aprendido a manejar esto. Es parecido a lo que sentí hace casi dos años, cuando me fuí por primera vez. Quieren que esté en mil lados a la vez y yo no quiero estar en ninguno, porque en todos hay que despedirse de alguien o de algo. Por momentos pienso que no hace falta hacer tanto circo, que mamá tiene razón y que el tiempo pasa rápido. Seamos realistas, si viviera acá no nos veríamos nunca. Pero igual trato de estar en esos mil lados, porque si no lo hago también me siento mal.

Hay un pasaje de avión por ahí en un rincón del mueble. Hace como dos semanas que está ahí, esperando que yo me digne a abrir el sobre para ver a qué hora salgo. Es un pasaje ida y vuelta, pero ni sé cuándo lo vaya a usar de nuevo. Mamá no para de decir que vuelvo pronto. ¿Abril? ¿Octubre? ¿De visita? ¿A quedarme? ¿A escribir? ¿A hacer trámites? ¿Con sueldo? Ojalá la pregunta fuera solamente un cuándo...

En fin, ¿vieron ésa cosa horrible que uno siente cuando se le acaban las vacaciones? Bueno, si tu veraneo es regresar a tu mundo, es mucho peor...

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