sábado, 19 de septiembre de 2009

Mi condena


Hace un par de días volví a sacar cuentas. En poco más de un año, me cargué más de doscientas vidas. Se me pone la piel de gallina de sólo pensarlo.

Paren, paren. No salgan corriendo a llamar a Interpol o a pedir mi cabeza al grito de ¡asesina!. Tuve que hacerlo en nombre de la ciencia. Y que yo sepa, todavía a nadie se le ocurrió penalizar los crímenes de lesa ratonidad.

Aunque no son más que ratones, aunque en muchos lados son plaga y se los combate, cada una de esas doscientas víctimas pesa en mi conciencia. A veces imagino que cuando abandone este mundo y vaya adonde sea que vaya, ellos van a estar esperándome para cobrársela. Es como mi pesadilla recurrente...

Hoy volvía del laburo (sí, tuve que volver) y pensaba en todo esto. Pero aparté por un instante a los roedores de mi mente y -no se por qué- me puse a pensar en los humanos. Y particularmente en ciertas humanidades que tengo que bancarme diariamente. Y me quedó clarísimo que no tengo que preocuparme por el más allá. Ciertas cuentas se pagan en vida...

viernes, 11 de septiembre de 2009

Evolución


Ah, mi querida Ciencia... ¿Por qué me hacés esto? Imposible resistirme al humor barato, al chiste fácil, a la argentinada del día...

¡Despreocupate, muchacha española! Tus probabilidades de tener hijitos son las mismas, sin importar de dónde venga tu peoresnada. El artículo no habla más que de un mecanismo evolutivo de compensación: los pobrecitos no saben para dónde nadar, entonces tienen que ser más para equiparar las chances...

jueves, 10 de septiembre de 2009

Day off


Antes de llegar al burnout, tuve que parar. Hoy es el primero de los dos días libres que me tomé para desconectar y recuperar energías antes que sea demasiado tarde. Lo dediqué a quedarme en casa y cuidarme. Mimarme. Darme gustos. Así, dormí sin despertador, desayuné como una persona normal, ordené algunas cosas, almorcé (otra vez) como persona normal. Hablé dos veces por teléfono con Sis. Escuché música. Arreglé ropa. Me arreglé las uñas.

Sólo salí de casa para ir al supermercado, que queda enfrente. Objetivo: ingredientes para una cena reparadora. Por primera vez en mucho tiempo (¿en toda mi vida?), piqué una cebolla. La rehogué, agregué la carne picada, unos huevos duros que había por ahí y un par de cositas más.. Y salió lo siguiente:





Ya sé, no es gran cosa, pero quisiera verlos a ustedes ante la imposibilidad total de encontrar un paquetito de La Salteña en el super... ¡Ni hablar de llamar al Noble! Fueron acompañadas con un Merlot chileno (y bue, es lo que hay). ¡Y de postre, helado! Directo del pote, uno de los más grandes placeres de vivir solo...

viernes, 4 de septiembre de 2009

Mea culpa


Querida Ms H:

Usted no va a enterarse de ésto porque no hablamos el mismo idioma, pero hoy voy a pedirle perdón públicamente. Quiero dormir tranquila, ¿vio?.

No estuvo bien tratarla de turca, cuando usted es macedonia. Mis disculpas por eso, que supongo serán aceptadas: a fin de cuentas, cuando nos conocimos usted pensó que el italiano y el español eran un mismo idioma. En fin, cosas que pasan...

Pero lo peor que hice fue tildarla de mafiosa, ¡por favor perdóneme!. Necesitaba lavar mi ropa y estaba muy enojada. Le toqué timbre montones de veces para que me de la llave de la lavandería, ¡pero usted no respondía!. Debo confesarle que todavía no entiendo muy bien esto de los edificios con lavandería, porque en Buenos Aires no se usa. ¿Qué es eso de pedirle turno al encargado para lavar mis trapos? No es excusa, pero imagínese mi bronca cuando me quedé casi todo el fin de semana presa en mi casa, esperando poder encontrarla para que me de la llave...

¿Cómo iba yo a saber que usted estaba de vacaciones en su país, después de 17 años sin ver a su familia? Yo tildándola de turca mafiosa, mientras usted estaba en estado de shock tratando de reencontrarse con el lugar que dejó tanto tiempo atrás. Pero vea usted: por querer lavar ropa, termino lavando culpas...

Yo también estoy lejos de los míos, pero no me había dado cuenta lo afortunada que soy por poder verlos aunque sea una vez al año. Lo afortunada que soy por haber podido elegir una profesión, un trabajo, un destino. Fíjese que ni siquiera me había dado cuenta que con apenas cinco años menos que usted sigo soltera; pero porque yo elegí que así sea, tanto como soy libre de hacer que eso cambie. Así que además de pedirle perdón, quiero darle las gracias: poder ver el vaso medio lleno no es algo que me ocurra muy a menudo.
Sin más, la saluda cordialmente

G.