Casi cierro el boliche. O bueno, sin llegar a tanto, casi cuelgo el cartel de "Cerrado por vacaciones". Pero para terminar bien el año, hoy decidí intentar reflotar el blog. Veremos qué sale...
El mencionado cartel iría bárbaro, en realidad: ¡finalmente estoy de vacaciones! La única neurona que quedó en pie luego de la maratón laboral que fue mi diciembre está adormecida por tanto brindis navideño. Pide por favor, la pobrecita, mientras intento convencerla que me aguante hasta mañana a la noche.
En fin, la cosa es que mientras la gente visitaba mercaditos de Navidad y tomaba vino caliente, ésta pobre criatura se clavaba doce horas por día frente a la compu. ¿Facebook? ¿Msn? No, che, nosotros los académicos somos gente seria (!). La primera nevada del año la ví por la ventana, cuando el sábado levanté la vista de mi archivo de Powerpoint. Con la heladera casi vacía, el domingo salí a desayunar con L.O. para después sí, darle duro y parejo al Word hasta altas horas de la noche. Y el lunes me quedó para despedirme, comprar regalos, hacer la valija y limpiar mi casa.
Salí de casa el martes, volé dos horas, pasé cuatro merodeando por Heathrow, volé otra cantidad incontable de horas, miré películas, dormí un poco.. Y casi un día entero después (por Dios, ni que viviera en la otra punta del mundo) pisé mi amada Buenos Aires. Y ahí estaban todos, esperándome. Y yo, sin saber por dónde/quién empezar, limada pero felíz...
Hace ya dos semanas que estoy en mi limbo bonaerense. Acá, donde todo es fácil y parezco un pichoncito en el nido. No limpiar, no cocinar, no hacer compras, no lavar la ropa. Vida social a pleno. Una ficción total.
¿Que si extraño la vida real? Casi nunca. Ya les contaré al respecto...
No hay comentarios:
Publicar un comentario