Soy... No sé cómo podría describirlo. "Científica con inquietudes no científicas", escribí por ahí. Versátil, tal vez sea ésa la palabra. Puedo adaptarme a diferentes contextos y si el ánimo acompaña, pasarla bien de muchas maneras distintas: sola, rodeada de gente, yendo al bar más cutre, al que tiene toda la onda, en una reunión en la casa de alguien. Tengo amigos de diferentes edades, profesiones, sexos y colores: creo que es una manera de asegurarme un posible acompañante para cada contexto, evento, actividad o situación que se pueda presentar...
El jueves no conseguí compañía para mi "experimento" del día. Como tenía muchas ganas de hacerlo, no me importó demasiado: me emponché toda, me tomé un subte, otro y después un tren y cuando me quise acordar, ahí estaba. Yo solita en la puerta del Cervantes, a punto de presenciar por primera vez en mi vida un recital de poesía.
¿Qué carajo hace una bióloga en un recital de poesía?. Intenté ignorar la pregunta que me rondaba todo el tiempo la cabeza, entré tímidamente, pagué mi entrada y traté de mezclarme entre los presentes. Gente bastante "normal", para mi sorpresa. Había algunos freaks, pero no más que los que te podés cruzar en un laboratorio o en los pasillos de Exactas. Algún que otro bicho de Puan, bastantes prototipos de puestero del Mauerpark, pero nada enteramente calificable como de otro planeta.
No puedo decir con mucha certeza si el recital estuvo bien, ya saben cómo es esto de las primeras veces. Sí puedo contar que escuchar poesía tiene un encanto especial, muy diferente al de leerla. Que me hubiera encantado inmortalizar mi cara de espanto al final, con el número musical de cierre: una argentinita que, guitarra en mano, jugó a ser Hilda Lizarazu y Juana Molina juntas en un mismo cuerpo (!). Y sobre todo puedo contar que contra todo pronóstico, la pasé muy muy bien...
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