Hace un par de días volví a sacar cuentas. En poco más de un año, me cargué más de doscientas vidas. Se me pone la piel de gallina de sólo pensarlo.
Paren, paren. No salgan corriendo a llamar a Interpol o a pedir mi cabeza al grito de ¡asesina!. Tuve que hacerlo en nombre de la ciencia. Y que yo sepa, todavía a nadie se le ocurrió penalizar los crímenes de lesa ratonidad.
Aunque no son más que ratones, aunque en muchos lados son plaga y se los combate, cada una de esas doscientas víctimas pesa en mi conciencia. A veces imagino que cuando abandone este mundo y vaya adonde sea que vaya, ellos van a estar esperándome para cobrársela. Es como mi pesadilla recurrente...
Hoy volvía del laburo (sí, tuve que volver) y pensaba en todo esto. Pero aparté por un instante a los roedores de mi mente y -no se por qué- me puse a pensar en los humanos. Y particularmente en ciertas humanidades que tengo que bancarme diariamente. Y me quedó clarísimo que no tengo que preocuparme por el más allá. Ciertas cuentas se pagan en vida...
4 comentarios:
En donde vivís??!?!?
muy buena conclusion
Santiago: Vivo lejos, muy lejos como dice por ahí. No lo voy a decir abiertamente porque alguna gente podría atar cabos y ooops! (era paranoica, la piba). Es una capital del viejo continente, donde no se habla español ni inglés, donde hay muchos turcos (casi más que en Turquía) y donde un kilo de yerba es difícil de conseguir y cuesta más de seis euros!
Tararira: no sé si es buena, pero me parece aplicable a muchos ámbitos/situaciones.. Gracias por venir!
Ah, me olvidaba! Tampoco revelo la ciudad porque aunque no me busque Interpol, Greenpeace ha escrachado gente por muchísimo menos que lo que acabo de confesar. Sería lo último que me falta...
Publicar un comentario