miércoles, 1 de julio de 2009

Si querés llorar...


Alguien me dijo una vez que un poco de frivolidad siempre viene bien. Más o menos evidente, todos tenemos un costado frívolo. ¿Quién no ha comprado una Cosmo alguna vez? ¿O leído Paparazzi, Pronto, Caras o algún pasquín similar aunque más no sea esperando su turno en la peluquería? ¿Cuántos de los que critican a Tinelli pueden "jactarse" de nunca haber contribuido a que el tipo tenga rating? Y entre los millones de usuarios de Facebook que existen, ¿cuántos pueden asegurar con sinceridad que nunca, nunca han sucumbido a los pedorrísimos tests?

Hace unos meses, en un momento de total alpedismo, me fue simplemente imposible evitar la tentación de saber qué frase de Moria soy. El resultado: la emblemática "Si querés llorar, llorar". Parece que pueden salir otras -un "What pass, papi?"o "Cara de pato, cuerpo de lavarropas" (!?)- pero a mí me salió esa, la archifamosa.

Y qué se yo. Soy medio cuerito flojo, siempre lo fuí.
De chiquita, lloraba si mi hermana menor me corría para cortarme el pelo. Lloro con películas, con libros, con series. Lloré cuando terminé el colegio. Lloré cuando me vino. Lloré sobria, lloré borracha. Lloré cuando me recibí. Lloré por montones de pelotudos -y no tan pelotudos- que tal vez no se merecían mis lágrimas. Lloré de alegría, lloro de emoción, de impotencia. Lloro cuando algo me supera, lloro si estoy muy estresada.

Pero quiero decirte que no, querida Moria (y querido pelotudo que diseñó el maldito test): que así no es. Que la frase será todo lo emblemática que queramos, pero dista de ser una máxima. Porque a veces, por más cuerito flojo que seas, querés llorar pero no sale nada...


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