No tengo plantas en casa. Hay que regarlas, dedicarles tiempo, controlar que reciban luz suficiente y todas esas cosas. Y bastante trabajo me da a veces cuidar de mi misma como para hacerme cargo de otro ser vivo. Pero desde que llegó la primavera me gusta comprar flores. Casi siempre tulipanes rojos, amarillos o naranjas. Que combinen con el tono de los sillones; porque sí, soy un poquito obse. En fin, empiezo a irme de tema.
La cosa es que el lunes compré un ramito en el puesto de flores que está a la salida del trabajo. Naranja, con los bordes de los pétalos en amarillo. Como siempre, los puse en la repisa acompañando a las fotos más lindas que tengo: de mis sobrinos, mis amigos, mi familia.
El lunes, los compré el lunes. Y ayer, después de ver el cielo oscurecerse de repente, de entender cómo un día puede cambiar en un segundo, de experimentar en carne propia que la energía de una única persona basta para cagarte una existencia que transcurría de manera (casi) feliz... Después de todo eso, vuelvo a casa. Y los tulipanes anaranjados ya se marchitaron.
1 comentario:
Los tulipanes duran poco, de hecho algunos duran 1 día. Una lástima, porque son hermosos.
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