martes, 26 de mayo de 2009

Frente de tormenta

Hoy la ciudad amaneció primaveral y soleada. Bah, al menos así estaba cuando me levanté, poco después de las ocho. Pese al madrugón, la rutina de comprar el capuccino en la panadería y caminar hasta el trabajo escuchando música no se me hacía nada terrible. La mañana pasó entre repetir un experimento de hace unos días y compartir un café y un rato al sol con mis compañeras. Todo bien, todo normal, hasta incluso agradable.

De golpe, cerca de las dos de la tarde, estoy en la oficina y a través de las persianas veo cómo el cielo se vuelve negro. Y lo supe. Fue simbólico. Supe que el día no iba a terminar bien. Poco tiempo después, entra Ella con su valijita, recién llegada del aeropuerto. Y no hace más que confirmarme lo que yo ya sabía.

¿Qué les puedo contar de Ella? Ella vivió más de siete años acá y –aún siendo extranjera- consiguió un par de cosas. Éxito profesional, principalmente. Hoy Ella vive en otro país, donde encontró amor, pero es una simple empleada. Y ya sabemos que hay gente que no entiende que elegir también implica descartar. Entonces, Ella deja su vida en áquel país para venir a éste todos los meses a jugar a que todavía tiene ese lugar que tanto le costó conseguir. Ella tal vez supone que el correo electrónico y tres días de visita por mes bastan para mantener su castillo de naipes en pie. Tal vez tenga razón. Pero a veces parece que Ella se olvida que hay gente de por medio sosteniendo las cartas.

Gente como yo, por ejemplo. Se olvida y no para de descalificarme. No importa cuánto me esfuerce, no importa lo que haga, siempre va a tener algo para reprocharme. Nunca es suficiente. Si hago diez cosas bien y una mal, ésa es la única que cuenta. Nunca conocí a nadie con mayor capacidad para sacar lo peor de mí. Ella es el común denominador de mis peores recuerdos del año pasado. Ella es mi jefa. .

No hay comentarios: